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Lo que tus clientes piensan puede estar frenando tus ventas

26 oct
3 min de lectura

Muchas empresas miran todos los días las ventas, los costos, las campañas, las entregas, los márgenes, el stock. Todo eso está perfecto y hay que hacerlo. Pero muchas veces no se mira con la misma profundidad algo que termina siendo igual o más importante: qué piensan realmente los clientes de la empresa, del servicio, de la atención, de la entrega, de la relación y de la experiencia completa.


Y acá aparece una confusión bastante común. Muchas empresas creen que porque hablan todos los días con sus clientes, ya saben todo lo que tienen que saber. “Con este cliente tenemos relación”, “si pasa algo nos avisa”, “el vendedor está encima”, “hablamos siempre”. Pero una cosa es la conversación operativa del día a día y otra muy distinta es abrir un espacio formal, externo e imparcial para hablar de la relación comercial en serio.


En el día a día se habla de pedidos, precios, pagos, entregas, urgencias, reclamos puntuales o disponibilidad. Pero no siempre aparece la conversación más importante: qué estamos haciendo bien, qué podríamos mejorar, qué oportunidades no estamos viendo, qué espera el cliente para comprarnos más, qué fricciones tiene con nosotros o qué cosas valora de otros proveedores.


En Club de Marketing trabajamos mucho este punto con empresas B2B y lo vemos seguido: los clientes tienen información valiosísima, pero no siempre encuentran el momento, el canal o la confianza para decirla. Y cuando esa información aparece, puede cambiar decisiones comerciales muy concretas.


Hace un tiempo trabajamos con una importante empresa de artículos de escritura. Uno de sus clientes era el principal distribuidor de una provincia argentina. La relación existía, las ventas estaban, el vínculo era bueno, pero había una oportunidad de crecimiento que no terminaba de aparecer con claridad.


A partir de una encuesta de satisfacción realizada por CDM, como tercero imparcial, surgió algo muy concreto. El cliente no estaba pidiendo una gran promoción, ni un descuento agresivo, ni una campaña extraordinaria. Lo que pedía era más contacto, mejor seguimiento, mejoras en la entrega y mayor precisión en el picking. Cosas operativas, sí, pero que en la experiencia del cliente pesaban muchísimo.


Y eso es lo interesante. Esa información no había aparecido con esa claridad en la relación cotidiana. No porque no hubiera vínculo, sino porque muchas veces el día a día no da tiempo ni ventana para hablar de la relación a nivel macro, de las mejoras posibles y de las oportunidades reales que existen entre proveedor y cliente.


Con esa información, la empresa pudo accionar. Ordenó el contacto, ajustó procesos, mejoró puntos de entrega y empezó a mirar la relación con ese cliente desde otro lugar. El resultado fue concreto: las ventas a ese cliente crecieron un 30%.


Para mí, ese es el punto más importante. Muchas veces la oportunidad no está en salir desesperados a buscar clientes nuevos, sino en escuchar mejor a los clientes que ya nos compran. Clientes que ya conocen la empresa, que ya tienen confianza, que ya operan con nosotros y que quizás tienen mucho más potencial del que estamos viendo.


Medir la satisfacción del cliente no es mandar un formulario para preguntar “si está todo bien”. Es abrir un canal formal para entender qué tan sólida es la relación, dónde están las fricciones, qué cosas hay que corregir y qué oportunidades comerciales se pueden activar. Y cuando lo hace un tercero externo, muchas veces el cliente se anima a decir cosas que no diría en una llamada habitual con el vendedor o con la empresa.


Hoy la competencia está muy cerca. A veces no hace falta que un cliente esté enojado para perderlo. A veces alcanza con que otro proveedor lo escuche mejor, le responda más rápido o le resuelva un problema que nosotros no supimos detectar a tiempo.

Por eso creo que conocer lo que piensan los clientes no debería ser una acción aislada ni algo para hacer “cuando haya tiempo”. Debería ser parte del sistema comercial de cualquier empresa que quiera vender más, fidelizar mejor y construir relaciones más sólidas.


Porque un cliente escuchado no solo vuelve. También puede comprar más, recomendar más y quedarse más tiempo.


En Club de Marketing ayudamos a empresas a implementar encuestas de satisfacción, relevamientos de experiencia y procesos de Mystery Shopper para detectar oportunidades reales de mejora comercial.


La información muchas veces ya está. El tema es si estamos generando el espacio correcto para escucharla.



Autor: Ariel Rizzo

Director de Club de Marketing. Consultor y capacitador en marketing, comunicación y ventas B2B. Ex docente en EAN, ISMM y UADE. Actualmente desarrolla junto a UAI una diplomatura en Marketing B2B. Ha brindado cursos presenciales en Argentina, Ecuador, Panamá, Chile, Uruguay y Orlando, Estados Unidos. Creador del libro Telemarketing efectivo (2005) y Marketing B2B Sin Atajos (2026)

 
 
 

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